En el contexto de tensión constante en la guerra fría, y de
las luchas de liberación del continente negro, el gobierno revolucionario de
Cuba decidió enviar un numeroso contingente de tropas y médicos hacia Angola, y
así, mantener el gobierno del MPLA, presidido por Agostinho Neto, esta ayuda
militar se mantuvo por más de tres lustros, y fue conocida genéricamente bajo
el nombre de operación Carlota.
El objeto de estudio del presente texto es el análisis de manera
somera, de los principales objetivos y efectos que tuvo la presencia militar
cubana en el sur de África y el impacto que tuvo esta intervención sobre los
acontecimientos que sacudieron a la región en los últimos veinte años del siglo
XX.
Los antecedentes que sujetan el envío de hombres y material bélico
por parte de la isla de Cuba hacia las lejanas tierras de Angola, se enmarca en
el ideal ideológico mantenido por Ernesto Guevara, quien ya había encabezado
una experiencia guerrillera en el trópico africano; en el Congo Belga a
mediados de 1965 al mando de un grupo de cien voluntarios cubanos, con
resultados más bien exiguos,
Según el propio Guevara anotaría, África era el eslabón más
débil en la cadena de dominación imperialista, y por lo tanto ahí es donde se debería
comenzar la tarea emancipadora, pues África contaba con un enorme potencial revolucionario. (Guevara, 2009) .
Esta operación militar respondía a la tesis de lucha
revolucionaria continua por medio de focos guerrilleros esparcidos por todo el
tercer mundo, esto quedó bien establecido en una consigna creada por el mismo
pensamiento guevarista, que es conocido como el mensaje a la tricontinental,
“Crear dos, tres, muchos Vietnam”, publicado el 16 de abril de 1967.
Por otro lado, dado el proceso de descolonización llevado a
cabo a cabo en Portugal después de la Revolución de
los Claveles, en la que la
dictadura lusitana fue derrocada el 25 de abril de 1974 a causa de un
golpe de estado pacifico al mando del capitán Salgueiro Maia fue un antecedente
vital para la guerra de Angola.. (Medeiros
Ferreira, 2002)
En aquel momento los oficiales del ejército
colonial, cansados la guerra imperialista africana, no deseaban seguir con la
lucha y Angola, Guinea y Mozambique pronto seguirían la senda de las
posesiones en Asia, es decir, Timor y
Goa.
Entre la
primavera y el otoño de 1975, cerca del 90% de los colonos europeos abandonaron
la antigua posesión ultramarina de Angola, dejando al país sin una
infraestructura sólida, y una capacidad productiva reducida al mínimo, con la ciudad Luanda,
prácticamente deshabitada y en un estado de guerra inminente, al estar rodeada
por milicianos hostiles al gobierno establecido
(Kapuscinski, 2007) .
Este vacío de
poder generó la formación de tres facciones insurgentes, que se disputaron la
supremacía política sobre el territorio de Angola, cada cual impulsada por
intereses y medios materiales muy diversos, lo que a la postre degeneraría en
una de las guerras civiles más cruentas en el continente, y que tendría
repercusiones más allá de sus fronteras geográficas.
Uno de los
principales grupos en disputa durante el conflicto intestino fue, el Movimento
Popular de Libertação de Angola, (MPLA) fundado en 1956 por Agostinho Neto y otros líderes como Viriato Cruz,
Mário Andrade y Lúcio Lara; su nacionalismo se caracterizaba por tendencias socialistas
relativamente difusas, pues aunque estaba alineado a las doctrinas soviéticas,
recibió apoyo desde Yugoslavia, Cuba y Albania, además de organizaciones que
lucharon contra el régimen sudafricano.
Además en 1957 Holden Roberto funda el Frente Nacional de
Libertação de Angola, (FNLA), aliado con el Frente para a Libertação do Enclave de Cabinda (FLEC), otro
grupo anti-colonial, también nacionalista, pero con tendencias capitalistas, recibía
la ayuda militar desde el Zaire.
Finalmente, Jonás Savimbi, en 1966, organizó un tercer movimiento, la União Nacional para a Independência Total de Angola, ( UNITA), con una orientación de izquierda inspirada
por el maoísmo. Aunque esta
ideología también era difusa pues recibió ayuda de la China Popular, la CIA
norteamericana, y la antigua metrópoli.
Aunque estas
organizaciones se calificaban como pan angoleñas, lo cierto es que basaban su
apoyo en grupos étnicos específicos. El FNLA, tenía su principal
base social entre les bakongo del
noroeste de Angola, incluso entre los habitantes que se refugiaron en el Zaire,
en el inicio de los la década de 1960.
Su sede política se encontraba en Kinshasa
(Zaire) y su base militar en
Kinkuzu. Sus actividades de guerrilla fueran limitadas y tuvieron una cierta
incidencia en el la provincia de Uíge, en Cabinda y en un área del norte de la provincia
de Moxico.
El MPLA se reclutaba,
esencialmente entre los ambundus y entre la población mestiza y urbana, su centro general en Luanda, además
de Benguela y de otras ciudades, incluyendo también un cierto número de jóvenes
intelectuales blancos. A partir de sedes en Brazzaville y Argel, operaba en
Cabinda, y en el extremo este, en la zona de la provincia de Moxico.
La UNITA, basada principalmente en
los ovimbundus, no tuvo su sede en el exterior,
sino en la provincia de la Lunda,
en el noreste de Angola, desarrollando actividades de guerrilla también las
provincias de Moxico y Cuando Cubango,
y una movilización política clandestina en las provincias de Bié y del Huambo
A raíz de la descolonización completa que se lleva a cabo por
parte del gobierno metropolitano después de los acuerdos de Alvor, que dieron
la independencia a Angola, poniendo un gobierno de transición presidido por
Agostinho Neto del MPLA.
Esto generó la
inconformidad de grupos afiliados a la UNITA, quienes con el apoyo de tropas
sudafricanas lideradas por el comandante Magnus de Merindol, ocupan las
instalaciones de la planta hidroeléctrica de Calueque, esta acción marca el
inicio de la guerra a gran escala en territorio angoleño, además del comienzo
de la intervención extranjera en el país, y por último, la transformación de la
zona en un “punto caliente” durante la guerra fría. (George, 2005)
En respuesta a
esto, el gobierno establecido del MPLA pidió a sus aliados soviéticos, un incremento
en la ayuda militar en forma de asesores, material bélico y tropas de elite;
pero la respuesta desde Moscú fue escasa; solamente aportaron 950 consultores
para su ejército, pues la intervención directa del Kremlin suponía arriesgar la
paz tensa que existía con los Estados Unidos, en la llamada coexistencia
pacífica. (Bridgland, 1990)
Así es como, en
octubre de 1975, Agostinho Neto, vuelve sus ojos hacia Cuba, que un mes más
tarde envía el primer contingente de apoyo hasta Luanda; esa acción suponía la
supremacía absoluta de las fuerzas gubernamentales, sin embargo, en un primer
momento facilitaron la defensa de la capital y el resguardo de los campos
petrolíferos en la región de Cabinda.
La alianza entre
Cuba y el MPLA, estaba fundamentada sobre bases ideológicas, pues Cuba estaba
ansiosa por jugar un papel activo en el liderazgo de las naciones del tercer
mundo; y a diferencia de la Moscú, La Habana no tenía compromisos de
pacificación ante las Naciones Unidas; además, los cubanos poseían los medios
necesarios para abastecer al ejercito de Angola.
La decisión
cubana de enviar hombres y armas hacia África, parece haber sido tomada de
manera independiente, basándose en los objetivos de la política exterior de
Fidel Castro, y tanto la prensa como el hecho de que las tropas cubanas se
desplegaran sin instrucciones soviéticas así lo demuestran.
Para dirigir las
acciones de la operación militar el ejército cubano designo al comandante
Arnaldo Ochoa Sánchez, miembro del movimiento 26 de julio desde 1958, veterano
de Playa Girón, y con formación militar en Checoslovaquia, y autor intelectual
de un fallido golpe de estado contra el gobierno de Venezuela.
Una de las armas
más utilizadas por todas las partes en disputa fueron las minas anti
personales. Angola es el segundo país del mundo más afectado por esta
problemática. Se calcula que todavía quedan unos 9 millones de minas enterradas
en su territorio. Uno de cada 476 de sus habitantes ha sufrido algún tipo de
mutilación por esta causa
Se calcula que en
esta primera remesa de efectivos militares enviados por Cuba hacia África, se
alcanzaron cotas de hasta 2500 hombres, además de aviones de combate y
transporte de manufactura soviética, esto en adición a las minas y fusiles de
asalto también fabricados en la URSS; en un flujo de personal que incluían 400
arribos de militares cubanos, a Luanda por semana.
La presencia
cubana en apoyo al MPLA cumplió cinco objetivos principales, a saber: entrenar
a los milicianos del movimiento en bases clandestinas ubicadas en Katanga y
armarlos con material soviético, distribuir la asesoría militar alemana y rusa
a las tropas regulares, establecer centros de reclutamiento a lo largo del
territorio nacional, aumentar el número de tropas en combate del MPLA con
efectivos cubanos y guardar las fronteras con el Congo y Namibia. (Schehara,
1990)
Con el
recrudecimiento de la ofensiva conjunta de la UNITA y de Sudáfrica, la ayuda
cubana se incrementó notablemente, en los tres años siguientes, el flujo de
soldados cubanos aumentó a mil efectivos mensualmente, hasta alcanzar picos de
59000 efectivos, además el rango de acción de las operaciones en tierra se amplió
fuera de las fronteras de Angola, apoyando al ZANU en Rodesia y al SWAPO en
Namibia, convirtiendo al contingente en una fuerza muy poderosa en el África
austral. (George, 2005)
Esta extensa
presencia de tropas provenientes de muy diversas nacionalidades tiene no
solamente una explicación ideológica, la posición clave de Angola para
controlar el centro y el sur del continente, además de grandes reservas de
recursos naturales que incluyen oro,
diamantes, uranio, fosfatos, cobre y petróleo.
Decir petróleo en
Angola, es decir Cabinda, y decir Cabinda equivale al poder de la Cabida Gulf Oil Company. Este enclave producía en 1974 diez millones
de toneladas de petróleo, con un valor total de reservas de unos cien mil
millones de dólares.
Debido a la
importancia estratégica de la posición de Cabinda, se envía desde el puerto de
Benguela al barco La Plata, con
quinientos hombres y cien piezas de artillería para defender la posición del MPLA
frente a los ataques de la UNITA y el FLEC.
Otro actor
importante en el conflicto, que se contraponía a los intereses soviéticos y
cubanos en la zona, era la República Popular China, quien trataba también de
solidificar su área de influencia en la zona, haciendo una guerra abierta a
naciones comunistas aliadas con el Kremlin.
Los acuerdos de
ayuda firmados entre el gobierno de Pekín y el FNLA en diciembre de 1974,
parecieran contradictorios, sin embargo, responde a la estrategia de Mao Tse
Tung de oponerse a las acciones llevadas a cabo por el politburó del Partido
Comunista Soviético.
En un principio
China acordó enviar al Zaire a 112 consultores militares para entrenar a las
tropas irregulares encabezadas por Holden Roberto, quien contrató un grupo de
mercenarios portugueses, yemenitas, y chipriotas para formar un batallón de
combatientes de élite contra las fuerzas cubanas, estas estaban dirigidas por
el chipriota Costas Georgeu .
El plan de
acuerdo inicial incluía eventualmente la formación de una división equipada con
armas chinas, en un flujo continuo de pertrechamiento que se extendería por un
año y medio, pero dada la escalada de acciones llevadas por los cubanos y la
negativa de apoyo por parte de los Estados Unidos y de la CIA, el acuerdo se amplió.
Pero para finales
de 1976, la asistencia china cesó, al intervenir el gobierno sudafricano en
apoyo del FNLA, a pesar de los intereses geo estratégicos que se verían
afectados, China evitaba asociarse con Sudáfrica,
de cualquier forma posible.
Un aspecto muy
importante para analizar, es la forma en que el conflicto afectó las relaciones
diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, después de la crisis de los
misiles y la defenestración de Nikita Jruchev, las relaciones cubano americanas
empezaron a mejorar a finales de los años 60.
En un comunicado
del secretario de Estado, Henry Kissinger apuntaba: “El gobierno de E.U. no ve
ninguna razón en perpetuar su antagonismo hacia el gobierno cubano” (Schehara, 1990)
Sin embargo, esta
situación cambió diametralmente con el inicio de la operación Carlota, las
relaciones entre ambos lados del estrecho de Florida se deterioraron de manera
continua, pues la administración Ford veía como la intervención ponía en riesgo
sus intereses en la zona austral de África.
Esto se enmarcaba
en la nueva situación global derivada de los acuerdos de Helsinki, Cuba vio en
estos eventos la oportunidad para independizar sus relaciones exteriores tanto
de la esfera comunista, como de la política de acercamiento a occidente, lo que
fue tomado por la Casa Blanca, según una declaración oficial como:
“La acción del
gobierno cubano de enviar tropas de asalto hacia Angola cancela cualquier
oportunidad de mejorar las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos” (Rochlin, 1979)
Más aun, los
estadounidenses se negaron a reconocer el gobierno establecido en Luanda,
estableciendo un gobierno paralelo dirigido por la UNITA desde Nova Lisboa, y
le aseguraron créditos del Banco Mundial por quinientos millones de dólares,
dando así, ayuda directa al ejército de Jonás Savimbi.
Luego de algunos años
de una cierta tregua en el conflicto, la operación Carlota entró en una nueva
fase más agresiva cuando las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba desenmascararon
una red de tráfico de drogas dirigida por el comandante Arnaldo Ochoa, quien
utilizaba Angola como una plataforma de distribución de cocaína colombiana en
todo el continente africano.
El comandante fue
destituido, enjuiciado y fusilado en la cárcel habanera del príncipe en 1987, y
la operación Carlota quedó a cargo del Comandante Leopoldo Cintra, militar
condecorado como Héroe de la república socialista, y cuyo trabajo en Angola le
vale el cargo de ministro de defensa que ejerce actualmente.
Al igual que su antecesor,
Cintra participó en la lucha contra Batista y fue formado en Checoslovaquia y
la URSS como artillero, participando en Angola en las batallas del rio Cunene,
y la victoria cubana de Cuito Canavale, donde destacó por el comando de
unidades pesadas.
Esta nueva fase
en la guerra civil se explica también por el relevo en la cúpula del MPLA, pues
el dirigente Agostinho Neto, murió en 1981, en Moscú, mientras era tratado de
un cáncer hepático. Siendo sustituido por el canciller y representante
plenipotenciario en Belgrado: José Eduardo Dos Santos.
El nuevo
mandatario se enfrentó a una serie de amenazas de fraude en las elecciones
presidenciales por parte de la UNITA, además, después de la muerte de Leonid
Brezhnev, la asistencia soviética hacia Angola fue prácticamente congelada,
pues los gobiernos efímeros de Andrpov y Chermenko, focalizaron su atención
militar en la cuestión de Afganistán.
Con la renovación
política extendida en los países del campo socialista, debido a la perestroika
y el glasnost, el gobierno de Fidel Castro, vio la necesidad de fortalecer su
presencia en el continente negro; por lo que se enviaron más tropas en las
misiones de Etiopia y Angola.
Posiblemente, el
enfrentamiento más importante en el que participaron las tropas cubanas en
Angola, fue la batalla de Cuito Canavale, acontecida a lo largo de todo el
verano austral de 1988, en un intento de las tropas regulares del MPLA, por
someter finalmente el movimiento insurgente angoleño UNITA y las tropas
sudafricanas, al mando del coronel Deon Ferreira, en el sureste de Angola, fue repelido de manera
decisiva en una serie de batallas en el río Lomba por la intervención de las fuerzas
sudafricanas. (George, 2005)
Con el ejército de Angola en retirada hasta el
punto de partida de su ofensiva, en Cuito Cuanavale,
el mando sudafricano y la UNITA pasaron a la ofensiva y comenzó el asedio con
bombardeos con artillería de largo alcance, el 14 de octubre. Una gran
batalla se produjo y Angola, por temor a una derrota, pidió ayuda a Cuba.
Con refuerzos cubanos consistentes en unos 5 mil hombres, Cuito Canavale resistió
y el avance de Sudáfrica terminó después de seis intentos
fallidos para superar las defensas de las MPLA y Cuba entre el 13 de enero y 23 de marzo de 1988. El ejército de Sudáfrica se retiró
parcialmente, pero siguió bombardeando Cuito Canavale desde la distancia.
En total, durante
los 16 años en que se desarrolló la operación Carlota, el ejército cubano
sufrió unas 2300 bajas, además de la integración de una columna especial
conformada por desertores de la UNITA, y tropas de respaldo provenientes de la
SWAPO y el Congreso Nacional Africano, que para principios de 1991, serían los
cimientos del ejército nacional de Namibia. (Canton Navarro, 1996)
El legado de la
presencia cubana en Angola tiene muchas aristas de análisis, por un lado
encontramos, el campo ideológico, la presencia del contingente cubano, sin
lugar a dudas fue de gran ayuda para el mantenimiento de la soberanía angolana
y la defensa de la nación frente los amenazantes intereses de una nación regida
por un régimen injusto como lo fue la Unión Sudafricana, además de servir de
trampolín de lucha por la independencia de los pueblos de Namibia y Zimbawe.
A este respecto,
el propio Nelson Mandela reconoce la labor titánica de los soldados cubanos, y
por eso se eligió el epígrafe que acompaña, este texto; pero los intereses del
gobierno comunista no fueron, ni de lejos puramente humanitarios. Al apoyar al
MPLA, Cuba ganaba notoriedad en una escena internacional complicada, al tiempo
que distanciaba su diplomacia del Kremlin.
Al participar en
la guerra civil angolana, se destruyeron puentes y caminos, unidades
productivas y se derribó la endeble industria del país, profundizando aún más
en el grave subdesarrollo de la nación africana, si bien los soldados cubanos
individualmente actuaron de manera solidaria, fueron utilizados como ariete del
Estado para penetrar en África, haciendo una nueva manera de colonialismo: el
colonialismo ideológico.
Si bien es
cierto, que durante el tiempo que se emplazó el contingente caribeño en Angola,
se combatió el analfabetismo, y se creó un sistema de salud embrionario, esto
no tuvo un seguimiento después de la retirada, acaecida en marzo de 1991,
dejando al país en medio de un conflicto intestino, que todavía tardaría una década
más en resolverse.
Como lo
testimonia la canción del trovador Frank Delgado, titulada “Veterano”, gran
parte de la oficialidad se dedicó a la caza de animales salvajes y otras
actividades recreativas más que a la lucha de liberación; por no hablar del escándalo
de contrabando de enervantes que le costó la vida al comandante Arnaldo Ochoa.
Finalmente
quisiera hacer notar la hipocresía con la que actuaron todas las partes
beligerantes, utilizando a la población y al territorio de Angola como una
excusa para medir fuerzas y afianzar su hegemonía global. Solamente así
resultaría lógica la alianza entre la dictadura de Zaire, la China de Mao y un
movimiento derechista como UNITA.
.
Consideraciones finales
Pese a esta
derrota la participación de Cuba en las luchas antimperialistas africanas (El
caso del Che en el Congo, y otras incursiones en Etiopia) está lejos de ser
infructuosa, la ayuda cubana a Angola consiguió frenar a la Sudáfrica del
apartheid y a la UNITA, puesto no se cometieron los mismo errores que en el
Congo, en una aplicación mecánica de las experiencias de la revolución cubana a
unas condiciones de beligerancia y coyuntura histórica distintas.
Sin duda la
presencia de Cuba en el conflicto africano contra las políticas del apartheid,
la historia de África sería muy diferente, pues su contribución no solo
consolido la soberanía de los pueblos de Angola y Namibia, sino que estrechó
las relaciones entre el gobierno de Fidel Castro y aquellos procedentes del
Congreso Nacional Africano, (Mandela y Jomba)
El éxito bélico
en esta lucha, puede también servir para explicar, por lo menos de manera parcial,
el éxito exterior de la revolución cubana,
la operación Carlota fue diplomáticamente, muy beneficiosa para el
gobierno cubano, pues le permitió tener un papel primordial entre los países
del tercer mundo, y ganar cierta notoriedad y hegemonía en un momento crucial:
el colapso de los países del campo socialista en Europa oriental.
Esta coyuntura
fue aprovechada, por Cuba para catapultar su presencia en África como un
símbolo de lucha de las naciones pequeñas, en lucha contra los intereses
norteamericanos y sudafricanos, lo que a finales de los años ochenta magnifica
su papel como una fuerza global, desde una pequeña isla del Caribe.
Por otro lado, la presencia de Cuba en Angola, a
través de la operación Carlota permitió al partido comunista cubano hacer un
contrapeso a las directrices soviéticas y chinas, además de enfrentarse en una
posición estratégica contra los Estados Unidos y Sudáfrica.
Así pues las
fuerzas cubanas fueron producto de un momento histórico especifico, que
posibilitaron a Cuba tener una proyección en ultramar, siendo una experiencia
internacionalista que afianzo su rol de liderazgo entre los países del tercer
mundo y del continente africano.
Trabajos citados
Bridgland, F. (1990). The
War for Africa: Twelve Months that Transformed a Continent. Londres: Ashanti
Publishers Ltd.
Canton Navarro, J.
(1996). Historia de Cuba: El desafio del yugo y la estrella. La Habana: Editoral SI-MAR.
George, E. (2005). The
Cuban intervention in Angola. New York City: Taylor & Francis.
Guevara, E. (2009). Pasajes
de la guerra revolucionaria (Congo). La Habana: Ocean Sur.
Kapuscinski, R. (2007). Un
día más con vida. Barcelona: Anagrama.
Medeiros Ferreira, J.
(2002). Portugal en transicion. Mexico DF: FCE.
Rochlin, J. F. (1979). Cuban
intervention in Angola and Ethiopia, (1975- 1980), the question of Soviet
influence. Humbolt Ca.: California State University.
Schehara, S. (1990). Cuba
involvement in Angola, a question of autonomy in Cuban relation with USSR.
Monterrey
Ca: Naval Postgraduate School.
No hay comentarios:
Publicar un comentario